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Un día cualquiera

9.10.11 3:13 p. m. by Tropical Blonde 1 comentarios
            La luz de la mañana se apropia de todos los rincones de la casa. El matiz naranja del sol produce una sensación de calidez, mas el frío que siento no me lo quita este resplandor. Veo como las sombras juegan a camuflarse en la alfombra blanca, y hace que parezca la piel de dos tigres.
            Salgo al balcón con una taza de café en la mano y una manta en los hombros. Me siento a ver a la gente pasar. Cojo un cigarrillo, lo enciendo y empiezo a divagar. Mi mente repasa los últimos años de mi vida como si fuera un contador público. “Esta experiencia es capitalizable, eso es un activo, esto un pasivo, aquella relación fue una inversión perdida”. Poco a poco me doy cuenta que según los cálculos, mi saldo de vida está en rojo. Reviso mis cuentas mentales y veo un patrón. Un comportamiento que se repite una y otra vez. No, no, no… no puede ser. Mi terapeuta estaría orgullosa de mí, ya me diagnostiqué: yo orbito a la gente. Soy un Sputnik emocional.
            La ceniza del cigarrillo me cae encima y es ahí cuando salgo de mi trance. Me levanto y trato de sacudirme las cenizas, mientras camino a la cocina para ponerle leche al café. ‹‹Mi saldo de vida está en rojo›› repito incrédula. A lo lejos oigo las campanas del convento, me recuerdan que son las 07:00 am. ¿Cómo empiezo el día cuando ya sé que ésta es la conclusión?. ‹‹Plan de acción, plan de acción… eso es›› me digo mientras dejo la taza en el pantry y voy hacia el baño. Ya me estoy hablando a mí misma, como si estuviera loca. Ahora no solo tengo el saldo de mi vida en rojo sino que también me estoy volviendo loca, ¡Qué bien!. ‹‹Plan de acción›› me repito en voz alta. Me miro en el espejo y critico cada una de la arrugas de mis ojos. Veo la hora y empiezo a apurarme. Si no llego a tiempo al trabajo, me volverán a reducir el pago de mi jornada y el dinero no crece en árboles definitivamente.
            Agarro el bolso, las llaves, el móvil, la billetera y reviso a ver si tengo ticket para el bus. «Mi saldo de vida está en rojo» digo al cerrar la puerta. Y ¿qué se supone que debo hacer?. Esto no me lo enseñaron en el colegio. O por lo menos no que yo recuerde. La verdad es que yo intentaba ser lo más invisible posible. Ser estudiante promedio era suficiente para mí. «Plan de acción» vuelvo a repetirme, pero la cabeza no me responde. No hay ideas que poner en orden, no hay esquemas ni flujogramas que trazar en papel. Nada. Cero. Vacío
            Llego a la estación y veo que mi bus está alejándose de donde estoy, dejando una estela de humo. ¡Maldita sea! ¿Cómo si ya no fuera suficiente con esta tortura mental?, «¡Mi saldo de vida está en rojo!» grito sin contenerme. El resto de la gente ni me mira, pero empiezo a sentir como mi espacio personal incrementa sustancialmente. Diez minutos para el próximo bus número 100. Veo el reloj ansiosamente y por supuesto los segundos pasando como horas. Como no tengo nada mejor que hacer, comienzo a hacer un recuento de quienes han sido los que han fungido como planetas para mi orbitalidad emocional.
Las imágenes comienzan a aparecer en mi mente con una precisión digna de un desfile marcial. Una a una, con el mismo ritmo en sus pasos, con la misma cantidad de tiempo entre uno y otro. Los cuento, rememoro e intento ser objetiva en mi análisis. Pero nada, las cuentas mentales siguen estando más hacia el pasivo que el activo. Yo no me creía pasiva, mas bien juraba que era extremadamente activa. Empiezo a dar pasos hacia adelante y hacia atrás. Contando con los dedos, tratando de ver si me he equivocado. Las imágenes siguen en mi cabeza y pasan cada vez más rápido. Siento como el aire se mueve sin uniformidad y yo estoy ensimismada. «Plan de acción, no hay otra salida, tengo que tenerlo» me digo a mi misma.
Levanto la cabeza y vuelvo a ver que mi bus está alejándose de donde estoy, dejando una estela de humo. Me quedo boquiabierta y siento como me arden los ojos por culpa de las lágrimas y el labio inferior me empieza a temblar. Me tengo que calmar, no puedo estar llorando a estas horas de la mañana. Respiro profundamente y con el revés de mi mano elimino la humedad en mis ojeras. «¿Plan de acción?» me digo en voz baja. Una pequeña sonrisa se me escapa y me doy la vuelta.
Camino furiosamente de vuelta  a casa. Busco la llave, abro la puerta, me quito los zapatos y me pongo cómoda. Me voy a la cocina y empiezo a buscar en la alacena. « ¡Aquí está mi plan de acción, carajo!», y me voy hasta el salón. Envío un SMS a mi jefe diciendo que hoy no voy, sin dar más explicaciones. Destapo la botella y siento un alivio mientras el aguardiente me quema el esófago. Miro el reloj, y suelto una carcajada pensando que ya habrán abierto los bares en alguna parte del mundo.

What to do?

Una de las cosas que he encontrado más difícil en tener un blog, no es tanto la inspiración o los temas a escribir... ya que según varios de mis exnovios, yo hablo hasta con los ceniceros ... alguno de esos ex juraban que los ceniceros me respondían, bueno pero eso es para explicar en otro post.

Volviendo al tema, lo más difícil ha sido la constancia... o mejor dicho la disciplina... y no es que yo no sea disciplinada, soy súper disciplinada en cuanto se refiere a trabajo o profesión, estudios, investigaciones, búsqueda de trabajo y demás yerbas aromáticas... es decir todo aquello que pueda llegar a ser propulsor a un mejoramiento en el aspecto económico de mi vida...

No solo soy disciplinada en ese área, también soy constante en otros aspectos ... y le pueden preguntar a cualquiera que me conozca... constantemente estoy metiendo la pata, o cometiendo imprudencias o haciendo cualquier cosa que un ser humano racional la hubiese pensado con antelación y decidido lo contrario a lo que yo hice.

Ahora, este blog lo abrí con la intención de despejar la mente, relajar el espíritu, ejercitar mi prosa, descargar lo que me carcome por dentro, desligarme del presente, subirme los ánimos, comenzar un nuevo hobby, incrementar la actividad cerebral, probarme a mí misma que sí puedo, hablar de cosas irrelevantes, tener un alias, llenar los espacios, organizar ideas, limpiar los recuerdos, desempolvar memorias, plantar nuevas perspectivas de vida, descubrirme a mi misma, corregir los defectos, asumir los daños, darme palmadas en la espalda, celebrar mis éxitos, escupirle a los fracasos, levantarme y seguir caminando, aprender de los errores, encontrame con encrucijadas, decidir por el riesgo, proyectar un futuro, idear nuevos planes, concretar estrategias, tener un spotlight, perseguir sueños, entre otras...

Nunca lo abrí con la intención de tener un lucro... aún cuando un poco de "gadgets" (¿Cómo se dice eso en español?) te ofrecen dinero si los pegas a tu blog... Ni tampoco lo siento como algo productivo en el estricto sentido profesional... sino algo para  mí, que decido compartirlo con gente que me conoce y otros que no tienen ni la más remota idea de quien soy o de lo que hablo ( no se estresen, muchas veces ni yo sé de lo que estoy hablando)

El problema más serio en todo esto no es lo indisciplinada o la inconstancia... es el no permitirme a mi tener un espacio para la distracción o para que yo pueda disfrutar.

En resumidas cuentas... tengo dos opciones... o seguir inconstantemente con este blog y seguirlo viendo como algo no productivo... o cambiar mi forma de pensar y ver esto como algo que a mi me produce un momento de paz dentro del caos del día a día

No sé la respuesta todavía....