Súperman en Tanga

2.2.11 11:14 a. m. by Tropical Blonde 5 comentarios






Les advierto que lo que voy a escribir a continuación es producto de mi experiencia personal reciente y que cualquier similitud con otras vivencias o historias pueden ser producto de dos razones lógicas o una razón espiritual:



1. Estabas ahí conmigo al momento de los eventos;


2. La historia que te contaron es ésta;


3. Mientras yo dormía reencarnaste con mis recuerdos y piensas que fuiste tú y no yo quien vivió
esta experiencia.



En vista de la aclaratoria que ya fue hecha ahora prosigo con la historia.


Una tarde de verano decidimos ir a la playa mi hermana la negra, mi "hermana" pecosa y esta Catira Tropical. Aquí en Barcelona es normal que cuando la gente dice "voy a la playa", salen de la ciudad y se van a playas al mejor estilo San Pedro Pescador, Sitges, Castelldefels, Gavá etc... Nosotras como somos guarras decidimos que ibamos a la playa de la ciudad porqeu al final de todo la ecuación es sencilla:






Por lo que terminamos en La Barceloneta, con cava, birras, tinto de verano, Ron y un poquito de Antipasto hecho en casa. Luego de buscar un espacio lo suficientemente grande como para que no estuviésemos invadiendo el espacio personal de los demás bañistas, nos acomodamos las tres y nos echamos cuales morsas en Cape Cod. Luego de unas horas de dar vuelta y vuelta, nos sentamos para conversar. Yo oigo mi celular, veo que es lo que le pasa y lo dejo al lado mio. En ese instante se acerca un hombre quien con su morral y paño playero se acomoda a muy poca distancia de donde estábamos nosotras. A los pocos minutos alguien me toca el hombro y me dice "creo que te robaron el móvil", yo salto de mi puesto y empiezo a correr a donde me estaban señalando.




A lo lejos veo al hombre del morral corriendo como alma que lleva el diablo, y una figura masculina vestida sólo con una tanga negra, que sobrevuela por encima de la multitud. La única explicación posible que me vino a la mente en ese momento es que Súperman vino a Barcelona de vacaciones a tomar sol en la playa, es decir ahí estaba Súperman en Tanga! El se veía algo así como esta foto:







Yo empiezo a correr en dirección al choro, sin ningún tipo de pudor, sintiendo como mis piernas con textura de quesillo temblaban con el ejercicio físico no esperado. Súperman en Tanga seguía sobrevolando a la velocidad de la luz por encima de todos los turistas de Barceloneta persiguiendo, y veo saltando a una mujer de unos 50 años, totalmente topless y con un bronceado al mejor estilo betacaroteno, quién me gritaba repetidas veces desde su puesto "QUE MI MARIDO SE LO COGE".





Sigo corriendo adonde creo que está yendo el choro cuando veo que ya Súperman lo alcanza, le pega una patada por la parte de atrás de las rodillas y le hace una llave de Judo al mejor estilo Bruce Lee que deja al choro comiendo arena. Mientras sujetaba al villano con el dedo meñique me preguntaba a mi que era lo que me había robado, le respondo que el móvil mientras que mi cara era de asombro. De un tirón le quita el bulto que tenía en la espalda, lo voltea y se da cuenta que mi celular no está entre las cosas. Misteriosamente aparece una patrulla de los "Mossos D'Esquadra" que es la policía urbana de Barcelona.Ya a estas alturas yo estaba segura que Súperman había llamado telepáticamente a los Mossos, porque ellos NUNCA está cerca de la playa.




Súperman les explica la situación y luego que los Mossos agarran al choro, sale disparado a buscar mi móvil que el choro había tirado por la playa cuando se dió cuenta que Súperman lo iba a alcanzar. En ese momento yo me dije "es imposible que este Súperman vaya a encontrar mi celular que está tirado en esta playa, con este gentío y que más nadie se lo haya paleado". Pues bien equivocada que estaba. Súperman con su visión (¿¿infrarroja??) ya me había encontrado el teléfono, y me dice que él testificará si es necesario.




Los Mossos me dicen que debemos ir a la comisaría para que nos tomen nuestras declaraciones y denunciar el robo. Les digo que mis cosas todavía siguen con mis hermanas, que las busco y vuelvo. Cuando llego donde la negra y la pecosa les explico rápiamente lo que había pasado y digo "Pásame la braga que voy para la policía", en ese instante por lo menos 15 hombres voltearon la cabeza a ver quien pedía sus bragas para ir a la policía. La negra me pela los ojos y me dice "Catira, creo que quieres es tu overall, porque braga es ropa interior". Empiezo a caminar de vuelta muerta de la pena y sintiendo los 30 ojos perseguirme.




Vuelvo donde los Mossos y llegamos a la comisaría en donde veo a Súperman hablando con la mujer topless de color betacaroteno. Cuando ella me ve, se me acerca y me dice " Te dije que mi marido te lo cogía". Yo trato de no soltar la carcajada y le digo que muchas gracias por enviar al marido en mi rescate. La oficina de la Comisaría estaba bien equipada de un aire acondicionado, el cual estaba a su maxima potencia. Luego de hablar por un largo rato con Súperman y Betacaroteno empiezo yo a temblar de frío. Llaman a Súperman a declarar y me quedo yo con Betacaroteno y me pregunta si tengo frío, yo le respondo que sí y ella le grita al marido "Cariño, préstame la chaqueta que la cuca tiene frío", el marido le responde que no la oye bien y ella le grita más duro "Cariño, que la cuca está temblando, dame algo para cubrirla". Se podrán imaginar todo lo que me estaba pasando a mi por la cabeza en ese momento. Cuando logro articular una frase coherente le pregunto a Betacaroteno porque me llamaba cuca, ella me dice que es un término cariñoso para decir chica. Fue exactamente en ese momento cuando terminé por soltar la carcajada y reírme hasta que me llamaron a declarar.




Al final del día aprendí que:


1. Los Súper Héroes sí existen y están en todas partes


2. Que no siempre lo que uno dice es interpretado por los demás con la intención que tuviste


3. Que no siempre lo que oyes es lo que los demás te están intentando decir


4. y que más nunca me llevo el celular a la playa.

El Polifacetismo, o como una ciudad puede ser tanto a la vez

7.6.10 5:48 a. m. by Tropical Blonde 0 comentarios
Hace un par de meses fuí por unos días a explorar una ciudad que no conocía pero que tenía referencias de ella. Me encontré con algo que jamás imaginé posible. Me enamoré nuevamente de una ciudad. Me dí cuenta que esta ciudad tiene tanto potencial y tanto que ofrecer. Me sentí de nuevo en casa y sin haberme dado cuenta esta ciudad me adoptó y me sentí parte de ella.




Pasé días increíbles, con gente a la que quiero tanto y con quienes he compartido y quiero seguir compartiendo muchos capítulos de mi vida. El poder re-encontrarme con gente que tenía por lo menos 16 años que no veía, amigos de verdad que están ahí por tí, hermanas por decisión, familia que no conocía pero que nos quisimos desde el primer día como si fuera de toda la vida, gente que pasan a ser más que especiales y únicos en mi vida y a quienes extraño tanto, hizo que mi visita se convirtiera en inolvidable y perduradera.




Pero lo que más me gustó fue que no me sentí una extraña. Me encantó ver que después de 3 días podía manejar por la ciudad y meterme por los "caminos verdes" como si estuviera de vuelta en Caracas en mi Corollita. Que hasta la gente que conozco vive allí desde hace más de 5 años se rieran de esto y me preguntaran donde tenia el GPS metido.




Esta ciudad me hizo creer nuevamente que tengo la oportunidad de hacer futuro en otras partes del mundo que no sean Caracas o Berlín, a las que amo pero no puedo vivir en ellas por diversas razones. Me dejé absorber por su cultura y su gente, por la vibra de ciudad que tiene.




Esta ciudad es Panamá




Hipotéticamente hablando si Panamá fuese una persona y no una ciudad, yo le recomendaría -no, la verdad es que le exigiría- que fuera a un psiquiatra a tratarse esa esquizofrénica personalidad. Panamá tiene varias caras y perfiles, las cuales me asombran y confunden a la vez.




Me encontré con una ciudad que tiene un impulso de reconstruirse y ser tan versátil que tiene su cara de gente joven con ganas de divertirse y disfrutar, su cara seria llena de trabajo y comercio marítimo, su cara noble con oficinas y centros de ONGs mundiales, y a la vez puede convertirse en el lugar predilecto de quienes tienen el sueño de retirarse en Florida luego de haber pasado los 70.




También me encontré con una ciudad con alma de Macondo en donde ciertas vías parecen la calle principal de Tumeremo, con aceras de Río Chico, casitas de Pampatar y gente de Río Caribe. Las zonas que he visto puedo compararlas cada una con lugares que ya conozco, sin que eso le quite su autenticidad. El casco antiguo parece El Hatillo mezclado con Pueblo viejo en Puerto la Cruz, pero con una belleza del centro de San Salvador y un malecón que si estuviera un poco más limpio parecería parte de las playas cercanas al Mont Sant Michel en Francia. Las ruinas de la Panamá vieja me transportaron a las miles de historias que lei sobre los piratas y que nunca pensé fueran parte de la historia de ningún país.




Ojalá pueda volver y sentirme nuevamente ser parte del pulso de una ciudad tan increíble como Panamá.

Chasing for guindilla

Como puse antes en uno de mis posts, tengo un nuevo hobby. Esta actividad extracurricular no me ayuda mucho a mantener la figura de Special K que me tortura la mente, cada vez que veo el vestidito rojo de la caja de cereal (que por supuesto está photoshopeado) mientras le meto un mordisco al pedazo de torta que tengo en las manos en ese preciso momento. Este hobby es cocinar. Es increible como me he vuelto adicta a la cocina. Tanto así que busco ingredientes imposibles que en España no se encuentran.

La aventura gastronomica de buscar ingredientes me ha llevado a tener divertidas experiencias con mi "partner in crime": Nana Banana. Esta flaca se ha pegado conmigo maratones culinarios de invenciones imposibles y triatlones de la búsqueda de esos tesoros perdidos o ingredientes.

Una de las tantas ocasiones fue un día que decidimos hacer picante. Ya yo sabía como hacerlo por un accidente de cocina en donde mi madre y yo confundimos ají dulce por ají picante. Para hacer el cuento corto de ese accidente, al final del día mi pobre madre tuvo que meter las manos en yogurt porque no podía con lo que le ardían los dedos y yo cometí el error garrafal de rascarme un ojo luego de cocinar... el ojo casi lo pierdo por despistada!

Lo más importante para hacer el bendito picante era encontrar los chiles. Aquí en el país donde la gente no se baña, las cosas les cambian el nombre nada más que para tocarte las narices y por supuesto que el ají picante es algo que ellos no conocen, ni el chile, ni jalapeños, lo llaman guindilla. Y yo que siempre he pensado que guindillas son las que están en marrasquino y se ponen en el borde de una piña colada.

Para uno que está acostumbrado a que todo lo encuentras en un supermercado, pues que no tuvieran guindillas en un abasto normal y corriente fue un shock, tanto así que pensabamos que era ese supermercado el que no tenía... "total denial"... después de 15 supermercados más y 42 kilómetros recorridos a pie, pues constatamos que éste no era un ingrediente normal y casi nos dimos por vencidas.

Hasta que llegamos a uno de los tantos mercados públicos que hay en Barcelona. El mercado de San Antoni no es tan grande o suntuoso como la Boquería, o tan bonito como el mercado de Santa Caterina, pero es bastante agradable y la verdad es bien cómodo. No fue sino hasta el último tarantín (o chiringuito como los llaman aquí) que por fin encontramos las guindillas.